Los Primeros Auxilios Psicológicos, o PAP, son una forma de ayuda humana, práctica y temprana para personas afectadas por una crisis, una emergencia o una catástrofe. No son psicoterapia, diagnóstico ni una entrevista clínica abreviada. Su función es más concreta: comprobar seguridad, escuchar sin presionar, identificar necesidades inmediatas y conectar a la persona con apoyos y servicios adecuados. En los primeros momentos, una intervención prudente puede ser más útil que una explicación larga.

Qué son y qué no son los Primeros Auxilios Psicológicos

Los PAP se utilizan cuando una situación supera temporalmente los recursos habituales de afrontamiento. Pueden tener lugar después de un accidente, una evacuación, un episodio de violencia, una pérdida repentina, una catástrofe o un desplazamiento.

Su objetivo no es hacer que la persona deje de sentir miedo, tristeza o confusión. Estas reacciones pueden ser comprensibles ante circunstancias extraordinarias. La tarea consiste en reducir nuevos riesgos, recuperar algo de orientación y facilitar el siguiente paso posible.

Un límite esencial

Los PAP no reemplazan atención médica, psicológica, psiquiátrica, social, policial o jurídica. Tampoco habilitan a diagnosticar ni a tratar fuera de las competencias del interviniente.

Primero seguridad, después conversación

Antes de intentar contener emocionalmente a alguien, hay que comprobar si el peligro continúa. Lesiones, violencia activa, riesgo suicida, desorientación grave, menores sin protección o una urgencia médica requieren activar los servicios correspondientes.

La intervención psicológica inicial nunca debe retrasar evacuación, asistencia sanitaria o medidas de protección. Incluso cuando no existe un peligro inmediato, conviene buscar un lugar relativamente tranquilo, preservar privacidad y reducir estímulos cuando sea posible.

Observar, escuchar y conectar

El manual utiliza una secuencia sencilla que ayuda a ordenar la actuación sin convertirla en un protocolo rígido. Observar significa mirar seguridad, necesidades básicas, orientación, funcionamiento y apoyos disponibles. Escuchar significa ofrecer presencia sin obligar a relatar lo ocurrido. Conectar significa facilitar acceso a familiares, redes, servicios y recursos que puedan continuar la respuesta.

Esta secuencia puede repetirse. Una persona puede recuperar estabilidad y luego recordar una necesidad práctica; también puede aparecer un riesgo nuevo mientras se conversa.

Las reacciones intensas no son automáticamente un trastorno

En las primeras horas o días pueden aparecer miedo, llanto, irritabilidad, culpa, confusión, tensión corporal, cansancio, insomnio o dificultad para concentrarse. Algunas personas hablan mucho; otras quedan en silencio o actúan de forma casi automática.

La intensidad emocional no permite por sí sola medir gravedad. Es más útil observar seguridad, capacidad para comprender indicaciones sencillas, posibilidad de cuidarse y evolución del malestar.

No hay que forzar el relato

Una intervención temprana no necesita reconstruir todos los hechos. Preguntar de forma insistente puede aumentar desorganización, vergüenza o sensación de invasión. Si la persona quiere hablar, se escucha; si no quiere, se respeta mientras no exista un riesgo que obligue a obtener información concreta.

El silencio tampoco necesita llenarse inmediatamente. A veces la persona está respirando, llorando, intentando ubicarse o buscando palabras.

Qué preguntas son útiles al principio

Las preguntas deben servir a una finalidad concreta y formularse de una en una. En un primer contacto suelen ser más útiles las relacionadas con seguridad y necesidades inmediatas: si existe una lesión, si la persona está en un lugar seguro, qué necesita ahora, con quién quiere estar y qué recurso puede ayudar.

No corresponde preguntar detalles dolorosos sólo por curiosidad ni obtener una historia completa cuando esa información no cambia la intervención.

La ayuda práctica también es ayuda psicológica

Localizar una medicación, facilitar una llamada, conseguir información fiable, encontrar un lugar de descanso o conectar con una persona de confianza puede reducir más malestar que una conversación extensa.

Ayudar no significa hacer todo por la persona. Cuando puede participar, conviene ofrecer opciones y devolver capacidad de decisión. La meta es apoyar autonomía, no crear dependencia.

Hablar de forma breve y comprensible

En crisis, la atención y la memoria pueden estar reducidas. Las instrucciones largas se pierden con facilidad. Es preferible una idea por vez, un tono tranquilo y comprobar que la información fue comprendida.

También conviene evitar promesas que no pueden garantizarse. “Voy a verificar esa información” es más seguro que asegurar que todo saldrá bien.

Qué hacer ante llanto, silencio, confusión o ira

El llanto no necesita detenerse. El silencio puede acompañarse. Ante confusión, se reduce información y se vuelve al presente: dónde está, con quién y qué ocurrirá después. Ante ira, se mantiene distancia segura, no se eleva el tono y se pide apoyo si existe peligro.

La empatía no obliga a tolerar amenazas ni agresiones. Seguridad y respeto pueden coexistir.

Niños, adolescentes, mayores y personas dependientes

La intervención necesita adaptarse a edad, desarrollo, comunicación y necesidades de cuidado. En niños y niñas, la protección y la presencia de un cuidador seguro tienen prioridad. Con adolescentes, conviene reconocer capacidad para comprender y participar sin infantilizar.

En personas mayores, con discapacidad o dependencia, no debe hablarse solamente con el acompañante si la persona puede intervenir. Medicación, movilidad, orientación y continuidad de cuidados pueden ser necesidades prioritarias.

Duelo, pérdidas y separación familiar

En una catástrofe pueden coexistir incredulidad, rabia, culpa, llanto, silencio o aparente ausencia de emoción. No hay que apresurar el procesamiento ni buscar frases de consuelo cerradas. Tampoco ofrecer información no confirmada sobre personas desaparecidas.

Cuando existen pérdidas o separación, información fiable, acompañamiento seguro y contacto con referentes suelen ser más importantes que intentar “cerrar” el dolor en el primer encuentro.

Cuándo derivar o pedir apoyo

Corresponde escalar la respuesta cuando existe riesgo para la vida, violencia activa, urgencia médica, desprotección de menores, ideas de suicidio, desorientación grave, pérdida de contacto con la realidad o imposibilidad de garantizar seguridad.

También puede ser necesaria una derivación prioritaria cuando el malestar persiste, empeora o interfiere de manera importante con sueño, alimentación, cuidado personal o funcionamiento cotidiano.

Derivar no es abandonar

Una derivación bien hecha explica por qué se propone otro recurso, qué puede ofrecer y qué paso sigue. Cuando sea posible, no alcanza con entregar un teléfono: conviene comprobar que el servicio existe, que atiende esa necesidad y que la persona dispone de medios reales para acceder.

La continuidad se construye enlazando, no trasladando el problema de un lugar a otro.

Cómo cerrar el primer contacto

Antes de terminar, conviene resumir brevemente lo acordado, confirmar el siguiente paso y verificar con quién queda la persona. Si habrá seguimiento, debe quedar claro quién lo hará, por qué medio y con qué finalidad.

Una intervención breve puede ser suficiente cuando existe seguridad, orientación básica y un apoyo adecuado.

Cuidar también a quien interviene

Trabajar con pérdidas, violencia, miedo y sufrimiento puede producir agotamiento, tensión o sensación de impotencia. El autocuidado no es una responsabilidad puramente individual: descansos, rotación, supervisión y relevo forman parte de una intervención segura.

Pedir apoyo antes de llegar al agotamiento protege al interviniente y a las personas atendidas.

Una secuencia breve para recordar

  1. Prepararse. Saber qué ocurrió, qué riesgos existen y qué recursos están activos.
  2. Comprobar seguridad. Primero peligro, lesiones y protección.
  3. Presentarse y pedir permiso.
  4. Escuchar sin presionar.
  5. Ordenar necesidades inmediatas.
  6. Conectar con apoyos y servicios.
  7. Cerrar con un siguiente paso claro.
Para llevarse

En una emergencia, ayudar bien no significa intervenir mucho. Significa priorizar seguridad, escuchar sin invadir, ofrecer orientación práctica y reconocer a tiempo los límites del propio rol.

Fuentes para ampliar

  • World Health Organization, War Trauma Foundation & World Vision International (2011). Psychological First Aid: Guide for Field Workers.
  • World Health Organization (2014). Psychological First Aid: Facilitator’s Manual for Orienting Field Workers.
  • Inter-Agency Standing Committee (2007). IASC Guidelines on Mental Health and Psychosocial Support in Emergency Settings.
  • IFRC Reference Centre for Psychosocial Support (2018). A Guide to Psychological First Aid for Red Cross and Red Crescent Societies.
  • Palacio, Moira (2026). Manual práctico de Primeros Auxilios Psicológicos. Material formativo.

Esta página resume orientaciones formativas para el primer contacto. No sustituye protocolos locales, formación práctica, supervisión ni atención profesional cuando existe riesgo.