Primeros Auxilios Psicológicos
Seguridad, escucha sin presión, apoyo práctico, conexión con redes y criterios de derivación.
Leer guía completa →Una emergencia exige actuar con claridad sin convertir el primer contacto en terapia. Esta área reúne criterios para observar, escuchar, orientar, trabajar a distancia, acompañar situaciones de catástrofe y reconocer cuándo la respuesta necesita escalar.
Los materiales desarrollados por Moira organizan la respuesta desde el primer contacto hasta la derivación y el cuidado del equipo. No sustituyen protocolos clínicos ni institucionales: ofrecen un marco para saber qué mirar, qué preguntar y qué evitar.
Seguridad, escucha sin presión, apoyo práctico, conexión con redes y criterios de derivación.
Leer guía completa →Ubicación, posibilidad de hablar con seguridad, riesgo, pérdida de contacto y cierre por teléfono o canales virtuales.
Ver secuencia práctica →Información fiable, rumores, redes, reunificación, espacios colectivos y recuperación de rutinas.
Explorar →Shock, incredulidad, culpa, desapariciones, pérdidas múltiples y necesidad de información confirmada.
Explorar →Niños, adolescentes, adultos mayores, discapacidad, dependencia y personas sin red de apoyo.
Explorar →Rotación, supervisión, relevo, desgaste acumulativo y límites del interviniente.
Explorar →La secuencia “observar, escuchar y conectar” ayuda a reducir improvisación. Puede repetirse y adaptarse según cambian la seguridad, las necesidades y los recursos disponibles.
Conocer qué ocurrió, qué riesgos siguen activos y qué recursos están disponibles.
Seguridad, lesiones, necesidades básicas, orientación, funcionamiento y apoyos.
Presentarse, explicar la función y pedir permiso para ayudar cuando sea posible.
Atender sin presionar para relatar detalles ni completar la historia de la persona.
Ordenar necesidades inmediatas y ofrecer información breve, clara y verificada.
Facilitar acceso a redes, familiares, servicios y recursos del territorio.
Resumir acuerdos, confirmar el siguiente paso y registrar sólo lo necesario.
El riesgo, la seguridad, la capacidad de funcionamiento y la posibilidad real de acceder a ayuda orientan mejor la decisión de escalar.
La atención remota puede ampliar acceso, pero reduce información sobre el entorno y puede interrumpirse sin aviso. La respuesta necesita ser más explícita en ubicación, seguridad y continuidad del contacto.
Antes de finalizar conviene resumir lo acordado, comprobar que la persona entendió qué ocurrirá después y verificar con qué apoyo queda.
Si sigue desorientada, sola, en riesgo o sin posibilidad de sostener el siguiente paso, la atención remota puede ser insuficiente.
Leer la guía completa →En una catástrofe cambian simultáneamente seguridad, servicios, redes familiares y circulación de información. La respuesta psicosocial necesita integrarse en el dispositivo general y no funcionar como una intervención aislada.
Seguridad, atención médica, agua, medicación, reunificación familiar, alojamiento e información fiable pueden reducir desorganización antes de cualquier conversación profunda.
Los puntos de descanso, información y contacto con familiares también cumplen una función psicológica porque reducen incertidumbre.
La circulación de datos no confirmados puede aumentar miedo y decisiones inseguras. Conviene distinguir información oficial de rumores y explicar cuando algo todavía no se sabe.
La recuperación comunitaria empieza temprano: participación segura, vínculos y recuperación gradual de rutinas pueden devolver capacidad de acción.
En las primeras horas pueden aparecer incredulidad, rabia, culpa, llanto, silencio o aparente ausencia de emoción. Ninguna de estas respuestas necesita ser corregida de inmediato.
Edad, desarrollo, movilidad, medicación, comunicación y red de apoyo modifican el tipo de ayuda que puede resultar segura y comprensible.
Protección, cuidador seguro, lenguaje concreto, rutinas y no forzar detalles de lo ocurrido.
Explicar decisiones, reconocer autonomía y observar cambios respecto del funcionamiento habitual.
Movilidad, medicación, orientación, ayudas técnicas y comunicación directa con la persona.
Entregar un teléfono no alcanza si la persona no puede utilizarlo o acceder al recurso por sus propios medios.
Privacidad, consentimiento y elección de contactos requieren especial prudencia.
Las necesidades prácticas y administrativas también forman parte de la respuesta psicosocial.
Escuchar pérdidas, violencia, miedo y desorientación deja impacto. El cuidado del interviniente no debería depender sólo de su voluntad individual.
Errores repetidos, dificultad para concentrarse, irritabilidad intensa, imposibilidad de descansar o sensación de que sólo una persona puede hacerse cargo pueden indicar sobrecarga.
Pedir relevo antes del agotamiento es una medida de seguridad.
Turnos razonables, pausas, rotación, supervisión y una persona de referencia reducen aislamiento. La revisión posterior debería centrarse en el funcionamiento del dispositivo, sin obligar a cada interviniente a revivir los momentos más duros.
Ante peligro inmediato, violencia activa, urgencia médica, desprotección de menores, riesgo suicida o imposibilidad de garantizar seguridad, corresponde activar los servicios competentes y seguir los procedimientos del territorio y de la organización.